La habitación resuena escalonada
y el vacío del aire -siempre el mismo-
me devuelve
una historia sin voces.
No dije que te amaba,
y lo no dicho,
abrazando cada última luna,
rasga este silencio
y lo vuelve muerte.
Es como lamer algún cristal
que oculta
mi mirada, de la respuesta
que no te provoqué,
que inevitablemente
se ha perdido en el último
peldaño. Esta voz sin sonido
y sin palabras, esta voz mía,
es como un largo exilio
de mí misma.
Etiquetas:
Compartir
¡Necesitas ser un miembro de PARAULES AL VENT para añadir comentarios!
Participa en esta red social